Salud musculoesquelética
Pie y tobillo

Huesos sesamoideosLos huesos que sostienen tres veces tu peso

Miden lo que un guisante y casi nadie sabe que existen hasta que uno se queja. Entonces condicionan cada paso, cada turno y, si se deja correr, la espalda.

Trabajadora de tienda de pie al final de su turno
Ocho horas de pie no dan una lesión espectacular. Dan una que nadie mide.

Qué son y dónde están

Son huesos pequeños alojados dentro de un tendón, sin articularse con el resto del esqueleto. El nombre viene del sésamo, por el parecido con la semilla. Importan en tres sitios: bajo el dedo gordo de cada pie, en la base de cada pulgar y en la rodilla, porque la rótula es el sesamoideo más grande del cuerpo.

Su trabajo es mecánico y bastante elegante: protegen el tendón y hacen de polea para que el músculo tire con mejor ángulo. En el pie, además, amortiguan el impacto del dedo gordo.

Los del pie son los que dan guerra, por una razón sencilla: les pasa por encima una carga desproporcionada para su tamaño. Al caminar, el sesamoideo recibe como mínimo la mitad de tu peso corporal; en la fase de despegue del paso, el pico llega al 300%. Tres veces tu peso sobre un guisante.

Por qué acaba en la estadística de bajas

Los trastornos musculoesqueléticos son el problema de salud laboral más extendido de Europa: cerca de tres de cada cinco trabajadores refieren alguna molestia, y son la primera causa de absentismo laboral.

Un dolor de sesamoideos no aparece en ningún cuadro de mando. Lo que aparece, meses después, es una lumbalgia. Entre las dos hay una cadena que casi nadie relaciona. Empieza con dolor bajo el dedo gordo al apoyar, cuando aún es pequeño y barato de resolver. Para evitarlo, la persona deja de cargar el antepié, acorta el paso y pisa por el borde externo. Rodilla y cadera asumen la carga que el pie ha soltado, con otro patrón de marcha. Y al final aparece la lumbalgia, que es la que se anota en el parte: el origen ya no se ve.

Los puestos más expuestos son los de bipedestación prolongada (retail, hostelería), los de recorridos largos a pie (logística, limpieza), los que usan calzado de seguridad rígido (industria, obra) y los que exigen tacón por uniforme. El calzado forma parte del equipo de trabajo: la Ley 31/1995 obliga a evaluar los riesgos del puesto, y la carga sobre el pie es uno de ellos.

Es un patrón descrito en clínica, no una condena. Pero cuando llega a la espalda, casi nadie mira el pie.

Qué puede estar pasando ahí abajo

Son vulnerables por dos motivos: soportan mucha carga y tienen poco aporte sanguíneo, lo que los vuelve sensibles a los problemas de cicatrización. El interno se lesiona más, porque es mayor y asume más peso.

La lesión más frecuente es la sesamoiditis: una inflamación por sobrecarga repetida, progresiva y sin un golpe que la explique, que empeora al correr, saltar o ponerse de puntillas. La fractura por estrés viene de microimpactos acumulados sin un traumatismo único; duele en un punto y no cede con reposo, así que hay que descartarla con imagen. La lesión osteocondral afecta al cartílago y al hueso de debajo, y se suele meter en el cajón de la sesamoiditis aunque el manejo sea otro. La necrosis avascular es consecuencia directa del escaso riego y necesita valoración especializada: no se arregla con reposo.

En la mano, la lesión típica es la hiperextensión del pulgar: el dedo fuerza su recorrido hacia atrás y castiga los sesamoideos de la base. Suele venir de caídas con la mano abierta.

Cómo se trata, y por qué casi nunca hace falta operar

Primero se confirma. La sospecha nace en la exploración: duele a la palpación directa y empeora al llevar el dedo gordo hacia arriba. La radiografía es el primer paso, pero una fractura reciente puede no verse. Cuando el dolor persiste, la resonancia es la que distingue inflamación, fractura, cartílago y necrosis, y eso cambia los plazos.

El tratamiento de primera línea son tres cosas: descargar la zona, ajustar la actividad sin parar del todo y fisioterapia, con trabajo de la musculatura del pie y vuelta progresiva a la carga.

Los datos respaldan ese orden: el 86% de los pacientes vuelve a su actividad sin cirugía, frente al 95% de los que se operan. Nueve puntos de diferencia no justifican pasar por el quirófano de entrada, así que se empieza por lo conservador y la cirugía queda para cuando eso ha fallado.

Una advertencia honesta: no hay guías estandarizadas para el tratamiento conservador. La evidencia es escasa y los plazos se individualizan. Una sobrecarga leve cede en semanas; una fractura o una necrosis piden meses.

Tres decisiones que lo evitan

  1. Corredor sobre asfalto: impacto repetido en el antepiéEvitar

    Subir la carga de golpe

    Impacto diario sobre suelo duro, tacón alto o calzado gastado. La sobrecarga casi siempre viene de un salto brusco de volumen, no de la actividad en sí.

  2. Plantilla ergonómica de descarga del sesamoideoCon matices

    Plantillas de descarga

    Alivian mucho en fase aguda porque apartan la presión del hueso. Solas son un parche: hay que ajustarlas a la pisada y acompañarlas de trabajo activo.

  3. Ejercicio de movilidad del dedo gordo del pieRecomendado

    Fuerza del pie y movilidad

    Musculatura de la planta y movilidad del primer dedo. La medida con mejor respaldo, y la única que se hace en casa sin material.

  1. Boni M, et al. Conservative treatment of sesamoiditis. Medicina 2025. PMC
  2. Kubota M, et al. Avoiding hallux sesamoidectomy. J Clin Med 2025. PMC
  3. Migliorini F, et al. Hallux sesamoid nonunion. J Clin Med 2025. PMC
  4. EU-OSHA. Trastornos musculoesqueléticos de origen laboral. osha.europa.eu

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